IMG_1234Seguimos nuestra serie recapitulativa sobre las conclusiones de las XIV Jornadas sobre el modelo de Estado dedicadas a “Aragón y la crisis”, recogidas en la revista El Ebro*. En esta ocasión nos basamos en el trabajo del Doctor Jorge Bielsa, profesor de Macroeconomía, que nos habla de cuatro cosas: sobre mitos y realidades acerca de las causas de la crisis, de su naturaleza, de la posición de Aragón con respecto al contexto general y de los remedios aplicables.

En cuanto al diagnóstico y causa de la crisis, Bielsa afirma que la burbuja financiera e inmobiliaria no fue sino la traca final del proceso de globalización, financiarización y cambio radical de la estructura de la distribución de la renta en las economías avanzadas, que comenzaron a perder su relativa capacidad para mantener una equidad social, base del sostenimiento del sistema de bienestar y de un poderoso mercado de consumo. Desde la introducción del euro, pero también del marco (des)regulador que lo acompañaba, las economías de la OCDE y, entre ellas, de forma sobresaliente, la española, se vieron inundadas por una masa de capitales que, a falta de un tejido productivo lo suficientemente desarrollado como para sacarle todo su partido, se destinó a una huída hacia adelante, a una espiral de inversiones de carácter meramente especulativo que ni generaron crecimiento real ni favorecieron el mantenimiento de una distribución equitativa de la renta.

Se produjo, pues, un crecimiento anormal de los precios de los bienes y servicios ligados a estos sectores a los que se destinó esa masa ingente de capitales que no tenía salida (o no de forma financieramente tan atractiva) en el tejido productivo: la construcción y el endeudamiento para el consumo, incluyendo en todo ello los sectores financiero, de seguros e inmobiliario). La espiral que nos llevó al cataclismo se alimentó, además, por otro mal estructural de la economía hispana: la alta inflación causada por la escasa competencia en los sectores estratégicos y en parte del sector servicios de nuestra economía que, a su vez, aunque de forma más limitada, alimenta la réplica salarial que hace crecer nuestros costes laborales al tiempo que, en el contexto descrito, baja la productividad por trabajador. A este respecto, cabe anotar la existencia de una masa laboral dual, con un sector de los trabajadores con condiciones de razonable estabilidad coexistiendo con otra de una llamativa precariedad.

Así pues, ni el gasto público ni el endeudamiento público (que se mantuvieron en magnitudes por debajo de la media de la UE hasta la caída de los ingresos a partir de 2008) fueron los causantes de la crisis. Evidentemente, también se gastó mal desde lo público, con inversiones que no eran económica y socialmente eficientes y que no mejoraban la competitividad y capacidad productiva del país, pero es indudable que aún estaba gastando peor el sector privado. La crisis tampoco se originó por la escasa competitividad y productividad de los trabajadores, consecuencia de una mala aplicación del exceso de financiación por endeudamiento del sector privado; no cabe, pues atribuir a los trabajadores una responsabilidad que no les corresponde. Sí que es cierto, por contra, que esos factores han dado como resultado los altos índices de paro generados por el derrumbamiento de una economía que, como en 1929, se basaba en un endeudamiento retroalimentado por expectativas absolutamente irreales sobre las que ninguna autoridad pública (y menos aún todavía privada: tómense nota las agencias de calificación) supo, pudo o quiso poner freno.

IMG_1235El caso de Aragón invita a una interesante reflexión. Porque el hecho es que, tras la crisis de 1992, nuestra economía se orientó hacia un desarrollo productivo de cierta calidad que pivotaba fundamentalmente sobre tres pilares dinamizadores: el agroalimentario, el químico y el de las industrias metálicas. Fue un periodo de crecimiento de los sectores de media y alta tecnología que inauguraron nuestra distintiva capacidad exportadora, la que ha permitido paliar en cierta medida los efectos de la crisis en Aragón en los primeros años.

Sin embargo, esa posición ventajosa, que nos abrió por primera vez en mucho tiempo una etapa de crecimiento mayor que el promedio español sobre bases estables, se truncó cuando la pauta económica descrita para el conjunto del Estado español también marcó el devenir de la economía aragonesa. Si la hostelería y la construcción habían tenido un peso relativamente modesto aunque de mayor peso relativo en el Aragón rural, la fiebre inmobiliaria y, en las zonas no urbanas, un desarrollo turístico asociado a ésta, vino a ponernos en el mismo punto de vulnerabilidad que el resto de la economía española. No solo eso. La gran caída de la productividad aragonesa verificada a partir de la segunda mitad de los noventa y hasta 2008 evidencia la existencia de una ilusión que el endeudamiento no dejaba vislumbrar: que la renta per cápita real estaba disminuyendo, justo en ese tiempo en que creíamos que éramos más ricos que nunca. Y es cierto que en esos años los sucesivos gobiernos aragoneses hablaban de invertir en I+D+i; pero lo que realmente hicieron fue poner dinero en las urbanizaciones de montaña del modelo Aramón o en la Expo.

Como teníamos dinero barato y en abundancia en nuestras manos no nos dábamos cuenta de que, en realidad, el valor de lo que producíamos no bastaba para cubrir nuestras obligaciones financieras. Las cuales se basaban en activos (sobre todo de carácter inmobiliario) que en realidad valían mucho menos de lo que nos estaban diciendo esos mercados que nunca se equivocan hasta que se desploman de golpe. El hecho cierto es que la economía productiva de Aragón no solo no estaba creciendo, sino que estaba reculando en términos reales, una vez descontado (cosa que ninguna autoridad hizo) el efecto ilusorio introducido por la espiral de deuda/sobrevaloración de activos. El crecimiento sólido y sostenible de Aragón fue, pues, “asesinado” por el contagio consentido (y no necesariamente inevitable, como demuestra el caso del País Vasco) de la burbuja inmobiliario- financiera. ¿Aprenderemos esta dura lección?

IMG_1238La interesada excusa de la crisis global, el desplome de Wall Street, etc. no es más que eso: una excusa para disfrazar nuestras propias responsabilidades. Que la culpa es de un sector público insostenible también es falso: la crisis se generó en el sector privado, que malgastaba y se endeudaba muchos órdenes de magnitud por encima de lo que lo ha hecho el público. Que la población ha vivido por encima de sus posibilidades es todavía más insultante a la vista de las prácticas comerciales que aplicaron a los consumidores bancos e inmobiliarias durante esos años, con todas las bendiciones de las autoridades públicas de aquí, de España, de Europa y de la OCDE.

Para Bielsa no hay duda de que la deflación de salarios y la precariedad laboral, con este trasfondo de sobreendeudamiento, no son la solución. Antes bien, empeoran aún más las cosas, como todos podemos ver. Tampoco los recortes del sector público, a los que califica de “fracaso en toda regla”, y que parten de una premisa falsa ya denunciada por el FMI: que confunden las causas y los remedios. El autor aboga por la necesidad de realizar un proceso de renegociación general de toda la deuda, la expansión del gasto público para reactivar el tono económico a base de incentivar la economía productiva (liderando la pauta Estados Unidos y, especialmente, la renuente -o miope- Alemania), y una reforma integral del modelo productivo y fiscal. Es tiempo de volver a la economía de la producción, de la generación de bienes y servicios útiles ofrecidos a precio adecuado, en una coyuntura en la que, tal vez como nunca antes, eficiencia y justicia social han de ir en la misma dirección para la superación de la crisis.

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Siguimos as nuestra serie recapituladera sobre as conclusions d’as XIV Chornatas sobre o modelo d’Estato adedicatas á “Aragón e a crisis”, replegatas en a rebista El Ebro*. En ista ocasión nos basamos en o treballo d’o Dotor Jorge Bielsa, profesor de Macroeconomía, que nos fabla de cuatro cosas: sobre mitos e reyalidaz azerca d’as causas d’a crisis, d’a suya naturaleza, d’a posizión d’Aragón con respeuto á o contesto cheneral e d’os remeyos aplicables.

En cuanto á o diagnostico e causa d’a crisis, Bielsa afirma que a borbolla finanziera e inmobiliaria no estió que a traca zaguera d’o prozeso de globalizazión, finanziarizazión e cambeo radigal d’a estrutura d’a destribuzión d’a renda en as economías abanzatas, que empezipioron á perder a suya relatiba capazidá ta mantener una equidá sozial, alazet d’o sustenimiento d’o sistema de bienestar e un poderoso mercau de consumo. Dende a introduzión de l’euro, pero tamién d’a bastida (es)regladera que l’acompañaba, as economías de l’OCDE y, entre ellas, de traza siñalata, a española, se bioron empapuzatas por una masa de capitals que, á falta d’un texito produtibo o sufizienmén desarrollato como ta sacar-li tot ro suyo partiu, d’estinó á una fuyita enta debán, á una espiral d’imbersions de caráuter meramén especulatibo que ni cheneroron creximiento reyal ni feborexioron o mantenimiento d’una destribuzión equitatiba d’a renda.

Se produzió, pues, un creximiento anormal d’os pres d’os biens e serbizios ligatos á istos seutors á os que se destinó ixa grandiza masa d’arsians que no teneba salida (u no pas de traza finanzieramén tan atrautiba) en o texito produtibo: a costruzión e l’endeutamiento ta o consumo, encluyindo-bi os seutors finanziero, de seguros e inmobiliario). A espiral que nos lebó á ra catatombe s’alimento, antimás, por atro mal estrutural d’a economía ispana: l’alta inflazión causata por a escasa competenzia en os seutors estratechicos y en parti d’o seutor serbizios d’a nuestra economía que, tod de bez, anque de traza más limitata, alimenta a replica salarial que fa crexer os nuestros costes laborals entre que, en o contesto descrito, baxa ra produtibidá por treballador. Á iste respeuto, cape anotar a esistenzia d’una masa laboral dual, con una parti d’os treballadors con condizions de razonable estabilidá coesistiendo con atra d’una siñalera precariedá.

Asinas pues, ni o gasto publico ni ro endeutamiento publico (que se mantenioron en magnituz por debaso d’a meya d’a UE dica ra cayita d’os ingresos  á partir de 2008) fuoron os que causoron a crisis. Ebidenmén, tamién se gastó mal dende o publico, con imbersions que no yeran economicamén e sozial efiziens e que no amilloraban a competitibidá e capazidá produtiba d’o país, pero ye platero que encara yera gastanto pior o seutor pribato. Tampó no s’orichinó por a radita competitibidá e produtibidá d’os treballadors, consecuenzia d’una mala aplicazión de l’eszeso de finanziazión por endeutamiento d’o seutor pribato; no cape, pues atrebuyir á os treballadors una responsabilidá que no lis corresponde. Sí que ye zierto, por cuentra, que ixos fautors han dato como resultato ros altos endizes de paro cheneratos por o esboldregamiento d’una economía que, igual como en 1929, se basaba en un endeutamiento retroalimentato por espeutatibas asolutamén irreyals sobre as que garra autoridá publica (y encá menos pribata: que en prengan nota as achenzias de calificazión) sabió, podió u querió meter freno.

IMG_1233O causo d’Aragón imbita á una intresán reflesión. Porque o feito ye que, dimpués d’a crisis de 1992, a nuestra economía s’enfiló enta un desarrollo produtibo de zierta calidá que pibotaba alazetalmén sobre tres pilars dinamizaders: o agroalimentario, o quimico e o d’as industrias metalicas. Estió un periodo de creximiento d’os seutors de meya e alta teunolochía que engueroron a nuestra distintiba capazidá esportadera, a que ha premitito suabezer en bella mida os efeutos d’a crisis en Aragón en as primeras añadas.

Manimenos, ixa posizión d’abentaxa, que nos ubrió por primera begata en muito tiempo una etapa de creximiento mayor que o promeyo español sobre bases estables, se malfurrió cuan a pauta economica descrita ta ro conchunto d’o Estato español tamién marcó ro esdebenir d’a economía aragonesa. Si a ostelería e a costruzión eban teniu un peso relatibamén modesto anque de mayor peso relatibo en o Aragón rural, l’angluzia inmobiliaria y, en zonas no urbanas, un desarrollo turistico asoziato á ísta, bino á meter-nos en o mesmo punto de bulnerabilidá que o resto d’a economía española. No solo que ixo. A gran cayita d’a produtibidá aragonesa berificata á partir d’a segunda metá d’os nobanta e dica 2008 ebidenzia a esistenzia d’una ilusión que o endeutamiento no dixaba columbrar: que a renda per cápita reyal se yera achiquindo, chusto en ixe tiempo en que creyebanos que yeranos más ricos que nunca. E ye zierto que en ixas añadas os suzesibos gubiernos aragoneses fablaban d’imbertir en I+D+i; pero o que reyalmén fizioron estió meter diners en as urbanizazions de montaña d’o modelo Aramón u en a Expo.

IMG_1239Como tenebanos dinero barato e á embute en as nuestras mans no parabanos cuenta de que, en reyalidá, a balor d’o que produzibanos no abastaba ta cubrir as nuestras obligazions finanzieras. As cuals se basaban en autibos (sobre tot de caráuter inmobiliario) que en reyalidá baleban muito menos d’o que nos yeran dizindo ixos mercaus que nunca no s’entibocan dica que s’espaldan de botiboleyo. O feito zierto ye que a economía produtiba d’Aragón no solo no yera crexendo, sino que yera retaculando en terminos reyals, una begata escontato (cosa que garra autoridá fazió) o efeuto ilusorio creyato por a espiral de deuta/sobrebalurazión d’autibos. O creximiento aposato e sustenible d’Aragón fue, pues, “asasinato” por a pasa consentita (e no nezesariamén impribable, como amuestra o causo d’o País Basco) d’a borbolla inmobiliario-finanziera. ¿Aprenderemos ista dura lizión?

A intresata desincusa d’a crisis global, o espaldamiento de Wall Street, ez., no ye más que ixo: una desincusa ta esfrazar as nuestras propias responsabilidaz. Que a culpa ye d’un seutor publico insustenible ye tamién falso: a crisis se cheneró en o seutor pribato, que malfurriaba e s’endeutaba muitos ordens de magnitú por denzima d’o que l’ha feito o publico. Que a poblazión ha bibito por denzima d’as suyas posibilidaz ye encara más espernible á ra bista d’as prauticas comerzials que aplicoron á os consumidors bancos e inmobiliarias en ixas añadas, con todas as bendizions d’as autoridaz publicas d’aquí, d’España, d’Europa e d’a OCDE.

Ta Bielsa no bi ha duda de que a deflazión de salarios e a precariedá laboral, con iste trasfondo de sobreendeutamiento, no ye a soluzión. Antis bien, encá empiora más as cosas, como toz podemos beyer. Tampó no ros retalles d’o seutor publico, á os que califica de “fracaso en toda regla”, e que parten d’una premisa falsa ya denunziata por o FMI: que trafucan as causas e os remeyos. O autor aboga por a nezesidá de reyalizar un prozeso de renegoziazión cheneral de toda ra deuta, a espansión d’o gasto publico ta reautibar o tono economico  á base d’endizcar a economía produtiba (liderando a pauta Estatos Unitos e, sobre tot, a reyazia -u miope- Alemania), e un reparo entegral d’o modelo produtibo e fiscal. Ye tiempo de tornar á ra economía d’a produzión, d’a chenerazión de biens e serbizios utils ofrexitos á pre adecuato, en una coyuntura en a que, talmén como nunca antis, efizienzia e chustizia sozial han de marchar en a mesma endrezera ta ra superazión d’a crisis.

(Publicado también en / Publicato tamién en:  http://www.aragondigital.es/noticia.asp?notid=106092&secid=21)


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