Iglesia de Sta. María de la Corona, lugar donde tuvieron lugar las sesiones de las Cortes de Ejea de 1265 / Ilesia de Sta. María d'a Corona, puesto an se fizioron as sesions d'as Cortes d'Exeya de 1265

Iglesia de Sta. María de la Corona, lugar donde tuvieron lugar las sesiones de las Cortes de Ejea de 1265 / Ilesia de Sta. María d’a Corona, puesto an se fizioron as sesions d’as Cortes d’Exeya de 1265

Domingo, 26 de abril de 1265. Iglesia de Santa María de la Corona, en el castillo de Ejea de los Caballeros. Rodeado de un nutrido grupo de hombres, un rey de Aragón llamado Jaime (el primero de ese nombre en su linaje), con su mano puesta sobre los Santos Evangelios que sostiene el obispo de Zaragoza, Arnaldo de Peralta, jura por sí y sus sucesores los acuerdos que en los días previos todos ellos han estado discutiendo y negociando.

Domingo, 26 d’abril de 1265. Ilesia de Santa María d’a Corona, en o castiello d’Exeya d’os Caballers. Arrodeyato d’una ampla colla d’ombres, un rei d’Aragón clamato Chaime (o primero d’ixe nombre en o suyo linache), con a suya man mesa sobre os Santos Ebanchelios que sustiene ro bispo de Zaragoza, Arnaldo de Peralta, chura por el e por os suyos suzesors os alcuerdos que en os días prebios toz ellos son estato discutindo e negoziando.

Seis acuerdos que, con ese acto solemne, pasaban a formularse como fueros de Aragón, poniendo fin a la rebelión que desde el año anterior se había desatado contra su autoridad por parte de la nobleza del Reino de Aragón. Fueron los seis primeros pactos forales sobre los que se construyó el peculiar y precursor -en muchos importantes aspectos- sistema político-constitucional aragonés. Y entre ellos, uno de sus puntales más decisivos: la institución del Justicia de Aragón.

Jaime I había querido romper con el pasado. Romper con el sometimiento a las presiones y manejos de la nobleza, que había hecho de él durante su juventud un títere político en función de sus propios intereses y bandos. Y nada mejor para ello que impedir que Mallorca y, sobre todo, Valencia, se convirtiesen en la prolongación del poderío de los ricos hombres. Reinos nuevos, leyes nuevas, contrapoderes nuevos (aliándose con las ciudades frente a los señoríos rurales, con burgueses y comerciantes frente a la nobleza militar). Aragón, por decisión de Jaime I, completó sus límites sin que se le permitiese llegar al mar con el que tanto habían soñado los aragoneses.

Romper con la unidad político-territorial de la Corona: a los nuevos reinos creados se les añadió la partición de jurisdicciones entre Aragón y Cataluña. Ya no harían masa común y podría ser atribuída su gobernación a cada uno de sus hijos (especialmente los que fue teniendo con su segunda esposa, Violante de Hungría), como consecuencia de diversos decretos de división que se iniciaron con la “heredación” de 1243. La nueva arquitectura de lo que en nuestros días se nos antoja como una “Corona confederal” quedó plenamente establecida bajo su mano, pero su escasa consideración por la voluntad de los habitantes de cada territorio en la delineación de las fronteras interiores provocó pleitos que no se cerraron hasta 25 años después de su muerte, con el resultado de unos límites fronterizos prácticamente inalterados que hemos heredado hasta nuestros días.

Romper con la implicación aragonesa en el sur de la Galia, abandonando a su suerte a los príncipes de Occitania frente al afán de dominación del rey de Francia y firmando con él, en 1258, el tratado de Corbeil por el que Aragón renunciaba a toda intromisión al norte de los Pirineos y Francia a Cataluña, que en su día dominaron los reyes carolingios. Las energías que la Corona de Aragón proyectaba quedaban exclusivamente orientadas hacia el espacio de conquista que Jaime priorizó: el sur y el Mediterráneo.

Romper, por último, con la teoría del poder que había regido hasta entonces en Aragón. Como hacían los demás reyes de Occidente, Jaime quiso fortalecer la tradición del derecho romano frente a los fueros indígenas, aspirando a ser el supremo (si no exclusivo) legislador, el César redivivo, titular único de la soberanía de la que emanan los poderes del Estado, la administración de justicia, la ley y las decisiones ejecutivas de mayor importancia.

Jaime encontró en Cataluña un terreno más propicio para llevar a cabo su obra, con una clase mercantil y burguesa de mayor entidad y una nobleza más posibilista con respecto a los beneficios que podría reportar el nuevo estilo de liderazgo que encarnaba el rey. Además la tradición del derecho romano había permanecido más inalterada que en Aragón, posiblemente debido a la mayor apertura de los condados catalanes hacia otros territorios del antiguo Imperio Romano.

Fue, por tanto, en Aragón donde el rey encontró la más enconada oposición y a su calor surgió un fuerte sentimiento nacionalista (siquiera en un sentido medieval) alrededor del cual se agrupó no solo la mayor parte de la nobleza aragonesa, sino también gradualmente las demás fuerzas vivas del país.

Tras el descontento por la no incorporación de Valencia al Reino de Aragón (1238) y, acabada la conquista de este territorio, Jaime convoca cortes en Huesca en 1247 con la finalidad de inaugurar una nueva era para Aragón. Su propósito se contiene en el decreto con el que se valida lo allí acordado, el cambio del modelo institucional aragonés: “acabada la conquista, incorporados los territorios orientales hasta el mar, damos por terminado el tiempo de las armas y procede atender ahora al tiempo de paz, para lo cual en primer lugar, dirigimos nuestra acción hacia los Fueros de Aragón”. Así se inició la “compilación drechurera” que el rey encomienda al romanista Vidal de Canellas. “Drechurera” se remite a “derecho”, entendido éste como “derecho romano”. Por lo tanto, una compilación hecha de tal forma que fuese aproximando los fueros, normas de tradición indígena vigentes hasta entonces, a las fórmulas heredadas del derecho común en los territorios sometidos al poder de los césares. El trabajo realizado por Canellas resultó ser de gran calidad técnica pero no gustó a los líderes de la sociedad aragonesa precisamente por eso: por apartarse de un modelo de formación de la ley dominado por la costumbre y acercarse a otro en el que la tradición romana y el peso del rey como legislador estaban llamados a imponerse.

Sucesivas versiones alternativas y más apegadas a la tradición indígena acabarían prevaleciendo sobre la propuesta inicial de Jaime y de Vidal, tras una pugna de voluntades que duraría al menos medio siglo, marcando fuertemente para la posteridad la personalidad jurídica de los aragoneses con respecto a otros Estados de Europa. Pero esa pugna realmente se desarrollaba a la sombra y a expensas de otra mucho más visible que se fue manifestando en esa segunda mitad del siglo XIII en el plano político y constitucional. Diversos episodios fueron jalonando el devenir de esas tensiones, pero fue la rebelión de 1264 y su solución pactada en las Cortes de Ejea lo que determinó los primeros cambios constitucionales de gran trascendencia para Aragón, en un proceso que no terminaría de culminar y consolidarse definitivamente hasta las Cortes de Zaragoza de 1348.

Si dejamos en un segundo plano las intrigas, sucesos y hechos de armas previos a la reunión de Ejea aparece ante nuestros ojos un fascinante debate político surgido la indignación de los ricos hombres (la alta nobleza del reino, constituida por una docena de familias que arrastraban a sus redes clientelares) con respecto a la política del rey. Un debate liderado por la nobleza, pero en la que ésta no es realmente la única concernida. Y es que, a pesar de su aparente ausencia del relato de los episodios previos a las Cortes de Ejea, ya se adivina en el debate, en las motivaciones y actitudes del rey y de los ricos hombres, el peso que estaban adquiriendo nuevos actores en la vida social, económica y, por lo tanto, política del reino: la baja nobleza (caballeros e infanzones) y las universidades (ciudades, villas y comunidades de aldeas). A estos habría que añadir el omnipresente estamento eclesiástico, poder preexistente a todos ellos y siempre tan celoso de sus prerrogativas. Estos cuatro grupos de interés acabarían por constituir los brazos políticos dentro de la nueva configuración que las cortes aragonesas estaban empezando a adoptar en aquellos años.

El estamento de la baja nobleza cristaliza definitivamente entre los siglos XII y XIII. Buscando escapar de las pesadas cargas de la servidumbre señorial en los territorios al norte del Ebro (sobre todo en la montaña pirenaica) y aprovechando las posibilidades legales que ofrecían los fueros a partir del de Jaca (1063), un número llamativamente creciente de individuos que se consideraban a sí mismos como hombres libres y, por lo tanto, pertenecientes a la nobleza, estaban consiguiendo el reconocimiento de ese estatus a través de un proceso judicial denominado de “salva de infanzonía”. Incluso poblaciones enteras (la propia Ejea acabó añadiendo a su nombre el apelativo “de los Caballeros” por considerarse así la mayor parte de sus habitantes) estaban consiguiendo acceder a dicho estamento. Esta situación trajo consigo una relativa suavización de las condiciones de los siervos en los señoríos pirenaicos que, debido a las limitaciones de la orografía y la menor densidad de población en comparación con las nuevas tierras conquistadas en la tierra llana, cada vez contribuían menos a las rentas de los señores laicos y eclesiásticos. Éstos, por otro lado, comenzaban a tener problemas en su economía. De ahí que la decisión del rey de no incorporar Valencia al Reino de Aragón, limitando con ello la ansiada extensión de sus prerrogativas y de sus dominios territoriales al nuevo país conquistado irritase tanto a la nobleza aragonesa y la predispusiese a la confrontación con el monarca.

Otra importante transformación se estaba produciendo en los centros urbanos. Muchos de ellos habían sido asignados tras su conquista a la autoridad de un señor laico o eclesiástico, o a una orden militar. Sin embargo, el paulatino desarrollo de las actividades mercantiles y artesanales y la aparición de una pujante clase burguesa adinerada con interés en superar las limitaciones y cargas señoriales, dispuesta a tomar las riendas del gobierno ciudadano, estaba modificando claramente el paisaje del poder urbano. El rey Jaime se apoyó en este patriciado para ir desplazando a los señores con los que rivalizaba, obteniendo tanto recursos económicos –de los que tan necesitado estuvo siempre- mediante la introducción de tasas e impuestos en estas ciudades, como su apoyo político frente al estamento nobiliar. El rey introdujo normas para controlar la elección de los cargos concejiles, aunque con el tiempo los poderes urbanos también buscarían liberarse de la intromisión regia en el gobierno ciudadano y actuar de la forma más libre y autónoma posible, incluso contra las pretensiones del monarca si fuese necesario.

El debate político que llevaba aparejada la rebelión de 1264, y que se sustanció en las fracasadas convocatorias de cortes de Calatayud y Huesca (en enero y febrero de 1265, respectivamente) y la definitiva y más concluyente de Ejea (en abril y mayo), se centró fundamentalmente en seis temas sobre los que el rey y los nobles aragoneses discutieron con vehemencia:

Jaime I y las huestes de Aragón entran en la ciudad de Valencia (pinturas del castillo de Alcañiz, s. XIV) / Chaime I e as güestes d'Aragón drentan en a ziudá de Balenzia (pinturas d'o castiello d'Alcañiz, s. XIV)

Jaime I y las huestes de Aragón entran en la ciudad de Valencia (pinturas del castillo de Alcañiz, s. XIV)

  1. El territorio aragonés: los nobles reclamaban que Valencia debía ser aragonesa y sus tierras repartirse entre aragoneses; también acusaban al rey de haber legislado sin su concurso al darle fueros a Valencia sin contar con su concurso. El rey contestó que en la conquista no solo participaron aragoneses y que fue su decisión hacer de este territorio un reino nuevo de su corona, separado de Aragón, por lo que no estaba obligado a contar con ellos para legislar. En cuanto a Ribagorza, se reclamaba su aragonesidad, que el rey vulneraba no solo adscribiéndola a Cataluña sino ignorando la aplicación de muchos de los fueros de Aragón en este territorio según su conveniencia. La política de hechos consumados acabaría consolidando la independencia de Valencia mientras que Ribagorza sería objeto todavía de pleitos y disputas que quedarían finalmente zanjados 35 años después, cuando en 1300 Jaime II reconoció la pertenencia a Aragón de este condado en las Cortes de Zaragoza, rechazando en 1305 una propuesta de las Cortes de Barcelona en sentido contrario.
  2. La potestad legislativa: los nobles acusaban al rey de legislar sin contar con el concurso de su corte (compuesta entonces fundamentalmente por la nobleza, aunque también incorporaba a los representantes de la Iglesia y otras fuerzas relevantes en la vida del reino). Los nobles exigieron la declaración de nulidad de los fueros unilateralmente aprobados. El rey adujo en todo momento que no siempre podía esperar a reunir a toda la corte para adoptar decisiones necesarias y que siempre consultaba con aquellos nobles que le acompañaban. Se deduce de esta reclamación un rechazo de la parte más “drechurera” de la compilación foral de 1247, así como una demanda ya formulada en 1260 para que hubiese una convocatoria anual de cortes en Zaragoza para el día de la Santa Cruz (3 de mayo). A pesar de las seguridades aportadas por el rey con respecto a esta cuestión, no fue hasta la firma del Privilegio General de Aragón por Pedro III en 1283 cuando la potestad legislativa conjunta del rey con los cuatro brazos de las Cortes de Aragón adquirió carta de naturaleza constitucional.
  3. La Justicia: decisiva materia en la que los nobles pedían al rey que no juzgase los pleitos entre ellos y que terminase con su costumbre de juzgar él sus causas o de hacerlo a través de un justicia (juez) aplicando, además, normas distintas al fuero, esto es: cánones (derecho romano), decretos reales y su libre albedrío, por lo que pedían la revocación de los juicios así celebrados hasta entonces. La respuesta del rey fue contundente: quien juzga es él, así como los jueces por él nombrados y que cuando han llegado causas a su corte él las ha juzgado con el consejo de los ricos hombres, con exclusión de aquellos que fuesen parte interesada, aplicando los fueros de Aragón y, en caso de laguna foral, aplicando la equidad y la razón natural. Rechazaba la acusación de que estaba asesorándose con expertos en derecho romano diciendo que si los tenía a su lado era porque los necesitaba para las causas que afectaban a los otros territorios de su Corona en los que no se aplicaban los fueros aragoneses. Sin embargo, acepta una interesante transacción: nombrar un justicia o juez medio que juzgase los pleitos entre el rey y los ricos hombres, caballeros e infanzones, con asesoramiento de los ricos hombres que se hallen en la corte siempre que no sean parte interesada, así como en todas las demás causas que surjan entre los miembros de la nobleza del mismo modo. Es el fuero quinto de Ejea, el que dió origen a la institución que, por su inédita relevancia constitucional como defensor y máximo intérprete de la foralidad, ha pasado a la Historia como un precedente de los tribunales de garantías constitucionales propios de los actuales sistemas democráticos. Este fuero se completó con el décimo, en el que el rey aceptaba -por reconocerlo como costumbre del país- nombrar a dicho Justicia de Aragón entre caballeros e infanzones (o sea, miembros de la baja nobleza), con consejo de los ricos hombres (alta nobleza). En palabras de Ángel Canellas:

Naturalmente, esta concesión supuso tener como justicia a persona más aficionada al derecho tradicional de la tierra que al nuevo derecho, el romano. En 1266 tuvo ya competencia como juez de primera instancia entre particulares y de la apelación de los jueces locales.

La última frase apunta a la rápida evolución que experimentaría esta institución a partir del momento de su creación y durante las décadas siguientes hacia la extensión de su jurisdicción garantista a toda la población aragonesa, con excepción de la minoría que vivía bajo la potestad absoluta de los señores laicos.

  1. Los greuges particulares: los desencuentros entre el rey y la nobleza habían dado lugar a la presentación en Ejea de numerosos agravios o quejas para las cuales las cortes, además de su papel como parlamento legislativo, también actuaban como tribunal de justicia. El énfasis de sus miembros en hacer valer el principio de que el rey administra justicia aconsejado por los convocados a su corte, a las cortes, hizo de éstas, como asamblea en la que estaban representados los grupos de poder del país, el tribunal más cualificado de todos. En Ejea se consolidó de manera definitiva y para lo sucesivo, en la forma y en el fondo, esta potestad de la institución.
  2. Los impuestos: aunque fue la reclamación de dos impuestos (el bovaje y el herbaje) la chispa que encendió la rebelión de los nobles en 1264, es uno de los asuntos que quedó más insatisfactoriamente resuelto en Ejea. El apaciguamiento se logró acordando eximir a los nobles de estos impuestos y limitándolos a quienes ya lo viniesen pagando desde antes, fundamentalmente el estamento eclesiástico y las universidades. Una solución del mismo estilo se arbitró para el impuesto sobre la venta de la sal de las salinas. Sin embargo, el aumento de la presión fiscal que se produjo para subvenir a los fuertes gastos militares en los que incurrió Pedro III, y los problemas que ello causaba a quienes los pagaban o eran requeridos a hacerlo, supusieron la fijación del principio de que el rey no podía exigir ningún impuesto nuevo o aumentar la carga fiscal de los existentes sin acuerdo de las Cortes de Aragón (y los acuerdos en este parlamento se tomaban por unanimidad). Fue esta, pues, una cuestión fundamental que dejó sin resolver la asamblea de Ejea hasta que el Privilegio General de 1283 impuso esta limitación a la voracidad fiscal de la monarquía.
  3. El papel de la nobleza: las demandas nobiliares fueron el detonante de todo este debate y, sin embargo, las de menor trascendencia constitucional, a la luz de los desarrollos posteriores. Efectivamente, en las Cortes de Ejea se tomaron decisiones de gran relevancia política para el conjunto de la sociedad aragonesa pero, por su carácter más de clase, restringido a los intereses de una nobleza militar en crisis, no podemos incluir entre ellas las medidas sobre el estátus de los nobles pactadas tras las arduas negociaciones mantenidas entre el rey y los ricos hombres. En ese catálogo de ventajas particulares se encuentran las referidas a la conservación de sus “honores” (jurisdicciones otorgadas por el monarca a los nobles sobre tierras y gentes), el alcance de las obligaciones militares (servicio de hueste) de los nobles para con el rey, la adquisición de tierras, los privilegios de la nobleza, etc. Sin embargo, cabe atribuir a este grupo de asuntos un interés por contraste: se trata del tipo de reivindicaciones de clase sozial que darían lugar, tras la firma del Privilegio General, al mantenimiento de un estado de rebelión permanente, latente unas veces, declarada otras, entre la alta nobleza aragonesa y el rey, y que conseguiría arrancar al monarca aragonés en el llamado Privilegio de la Unión (1287). A diferencia de la Unión de 1283 que desembocó en el constitucionalmente trascendental Privilegio General, y en el que estaban implicados todos los estamentos sociales del reino, las sucesivas uniones se limitaron a moverse fundamentalmente en el plano de las exigencias y ambiciones de la nobleza, por lo que no gozaron de la amplitud de consenso de la primera. Así, cuando la Unión fue definitivamente derrotada por Pedro IV en la batalla de Épila (1348), en las Cortes celebradas inmediatamente después en el convento de Predicadores de Zaragoza, el rey ceremonioso destruyó con su puñal y quemó el Privilegio de la Unión y, al mismo tiempo, confirmó para la posteridad el Privilegio General de Aragón, que se incorporó desde entonces a las sucesivas ediciones de los Fueros como parte del ordenamiento aragonés.

En definitiva, un apasionante y trascendental debate cuyas consecuencias se han dejado sentir a lo largo de los siglos hasta hoy, y no solo en la vida de las aragonesas y aragoneses sino también de todos los pueblos que viven en un sistema democrático y de garantías.

En 2015 se conmemora el 750 aniversario de las Cortes de Ejea y del nacimiento de la institución del Justicia de Aragón. Esperemos que personas e instituciones sean capaces de aprovechar esta efeméride para, permitiéndoles conocer mucho mejor estos hechos de su pasado, ayudar a la ciudadanía aragonesa a comprender debidamente su presente y a encarar más esperanzadoramente su futuro.

Miguel Martínez Tomey. Fundación Gaspar Torrente

Publicado en http://www.diarioaragones.com/especiales/aragon-y-su-historia/75335-las-cortes-de-ejea-de-1265.html y http://www.diarioaragones.com/files.php?force&file=Noticias/fotos_noticias/As_Cortes_d__Exea_539776453.txt

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Seis comenenzias que, con ixe auto solene, pasaban á formular-sen como fueros d’Aragón, metendo fin á ra rebelión que dende l’añada anterior s’eba desencadenato cuentra ra suya autoridá por parti d’a nobleza d’o Reino d’Aragón. Estioron os seis primers pautos forals sobre os que se costruyó ro peculiar e precursor –en muitos imprortans aspeutos– sistema politico-costituzional aragonés. Y entre ellos, uno d’as suyas piyas más dezisibas: a istituzión d’o Chustizia d’Aragón.

Chaime I eba quiesto romper con o pasato. Romper con o sozmetimiento á ras presions e galafatons d’a nobleza, que eba feito d’el en a suya chobentú un titere politico en funzión d’os suyos propios intreses e bandos. E cosa millor ta ixo que empachar que Mallorgas e, sobre tot, Balenzia, se combertisen en o prolargamiento d’o poderío d’os ricos ombres. Reinos nuebos, leis nuebas, cuentrapoders nuebos (aliando-se con as ziudaz fren á os siñors rurals, con burgueses e mercaders fren á ra nobleza melitar). Aragón, por dezisión de Chaime I, completó ras suyas buegas sin que li se premitise plegar ta o mar con o que tanto s’eban ensoniato ros aragoneses.

Romper con a unidá politico-territorial d’a Corona: á os nuebos reinos creyatos lis s’adibió ra partizión de churisdizions entre Aragón e Cataluña. Ya no ferban masa común e poderba estar atrebuyita ra suya gubernazión ta cada uno d’os suyos fillos (espezialmén os que tenió con a suya segunda esposa, Biolán d’Ongría), como consecuenzia de dibersos decretos d’estallamiento que empezipioron con a eredazión de 1243. A nueba arquiteutura d’o que en os nuestros días nos parixe una “Corona confederal” quedó plenamén establita baxo ra suya man, pero a suya poca considerazión por a boluntá d’os abitadors de cada territorio en a deliniazión d’as buegas interiors probocó pleitos que no s’estralioron dica 25 añadas dimpués d’a suya muerte, con o resultato d’unos limites prauticamén inalteratos que emos eredato dica os nuestros días.

Romper con o embrecamiento aragonés con o sur d’a Galia, en abandonando á ra suya suerte á os prenzipes d’Oczitania fren á l’angluzia de dominazión d’o rei de Franzia e firmando con el, en 1258 o tratato de Corbeil por o que Aragón arrenunziaba á toda intromisión á o norte d’os Pirinés e Franzia á Cataluña, que antis más dominoron os reis carolinchios. As enerchías que a Corona d’Aragón proyeutaba quedaban esclusibamén enfilatas enta ro espazio de conquista que Chaime priorizó: o sur e o Mediterránio.

Romper, de zaguero, con a teoría d’o poder que eba rechito dica alabez en Aragón. Como feban os atros reis d’Ozidén, Chaime querió enfortir a tradizión d’o dreito romano fren á os fueros indichenas, angluziando esdebenir o supremo (e mesmo esclusibo) lechislador, o Zésar rebilcato, tetular unico d’a sobiranía d’a que remanaban os poders d’o Estato, l’almenistrazión de chustizia, a lei e as dezisions executibas de mayor importanzia.

Chaime trobó en Cataluña un terreno más propizio ta lebar á cabo a suya obra, con una clase mercantil e burguesa de mayor entidá e una nobleza más posibilista con respeuto á os benefizios que poderba trayer o nuebo estilo de liderazgo que encarnaba o rei. Antimás a tradizión d’o dreito romano eba remanita más inalterata que en Aragón, posiblemén á causa d’a mayor obredura d’os condatos catalans entra atros territorio de l’antigo Imperio Romano.

Estió, por tanto, en Aragón do ro rei trobó a más fura oposizión e á ra suya calor surtió un fuerte sentimiento nazionalista (sisquiera en un sendito meyebal) arredol d’o cual s’arrocló no solo que a mayor parti d’a nobleza aragonesa, sino tamién gradualmén as atras fuerzas bibas d’o país.

Dimpués d’a carraña por a no incorporazión de Balenzia á o Reino d’Aragón (1238) y, en rematar a conquista d’iste territorio, Chaime comboca cortes en Uesca en 1247 con a fin d’enzetar una nueba era ta Aragón. O suyo proposito se contiene en o decreto con o que s’emologa o astí alcordato, o cambeo d’o modelo istituzional aragonés: “acabata ra conquista, incorporatos os territorios orientals dica o mar, damos por rematato ro tiempo d’as armas e prozede atender agora o tiempo de paz, ta ro cual en primer puesto, enfilamos a nuestra azión enta os Fueros d’Aragón”. Asinas empezipió a “compilazión dreiturera” que o rei encomienda á o romanista Bidal de Canellas. “Dreiturera” se reclama á “dreito”, acatato íste como “dreito romano”. Por o tanto, una compilazión feita de tal traza que fuese amanando os fueros, normas de tradizión indichena en oserbanza dica alabez, á ras formulas eredatas d’o dreito común en os territorios sozmesos á o poder d’os zesars. O treballo reyalizato por Canellas resultó estar de gran calidá teunica pero no cuacó á os liders d’a soziedá aragonesa prezisamén por ixo: alpartar-se d’un modelo de formazión d’a lei dominato por o costumbre e arrimar-se enta atro en o que a tradizión romana e o peso d’o rei como lechislador yeran clamatos á imposar-sen.

Suzesibas bersions alternatibas e más apegatas á ra tradizión indichena acabarban prebalexendo sobre a propuesta inizial de Chaime e de Bidal, dimpués d’una puna de boluntaz que durarba á o menos meyo sieglo, marcando fuertemén ta ra posteridá a presonalidá churidica d’os aragoneses con respeuto á atros Estatos d’Europa. Pero ixa puna reyalmén se desembolicaba en a güembra e á espensas d’atra muito más bistera que se fue manifetando en ixa segunda metá d’o sieglo XIII en o plano politico e costituzional. Dibersos episodios fuoron marcando ro esdebenir d’ixas tensions, pero estió a rebelión de 1264 e a suya soluzión pautata en as Cortes d’Exeya o que determinó ros primers cambeos costituzionals de gran remetida ta Aragón, en un prozeso que nomás eba de tener a suya fuga e asolar-se definitibamén en as Cortes de Zaragoza de 1348.

Si dixamos en un segundo plano as intrigas, suzesos e feitos d’armas prebios á ra reunión d’Exeya aparixe debán d’os nuestros güellos un faszinador debate politico surtito d’a carraña d’os ricos ombres (l’alta nobleza d’o reino, costituyita por una uzena de familias con os suyos retes clientelars) con respeuto á ra politica d’o rei. Un debate liderato por a nobleza, pero en a que ísta no ye reyalmén a unica conzernita. E ye que, á penar d’a suya aparén ausenzia d’o recuento d’os episodios prebios á ras Cortes d’Exeya, ya s’abarrunta en o debate, en as motibazions e autituz d’o rei e d’os ricos ombres, o peso que yeran alquirindo nuebos autors en a bida sozial, economica e, por tanto, politica d’o reino: a baxa nobleza (caballers e infanzons) e as unibersidaz (ziudaz, billas e comunidaz de lugars). Á ístos calerba adibir l’omnipresén estamento eclesiastico, poder presistén á toz ellos e sempre tan zeloso d’as suyas prerrogatibas. Istos cuatre grupos d’intrés rematarban por costituyir os brazos politicos drento d’a nueba farcha que as cortes aragonesas yeran empezipiando á adotar en ixas añadas.

O estamento d’a baxa nobleza cristaliza definitibamén entre os sieglos XII e XIII. Buscando eslampar-se d’as pesatas cargas d’a serbidumbre siñorial en os territorios á o norte d’o Ebro (sobre tot en a montaña pirinenca) e aprobeitando as posibilidaz legals que ufriban os fueros á partir d’o de Chaca (1063), un lumero chocantemén crexién d’endibiduos que se consideraban ellos mesmos como ombres libres e, por o tanto, pertenexiens á ra nobleza, yeran consiguindo ro reconoximiento d’o suyo estatus á trabiés d’un prozeso chudizial denominato de “salba d’infanzonía”. Mesmo poblazions enteras (a propia Exeya acabó adibindo á o suyo nombre o apelatibo “d’os Caballers” por considerar-sen asinas a mayor parti d’os suyos abitadors) yeran aconsiguindo azeder á dito estamento. Ista situazión trayó una relatiba suabezazión d’as condizions d’os sierbos en os siñoríos pirinencos que, debito á ras limitazions d’a orografía e a menor densidá de poblazión en contimparanza con as nuebas tierras conquistatas en a tierra plana, cada begata contrebuyiban menos á ras rendas d’os siñors laicos y eclesiasticos. Ístos, d’atro costato, empezipiaban á tener problemas en a suya economía. D’astí que a dezisón d’o rei de no incorporar Balenzia á o Reino d’Aragón, limitando con ixo l’angluziata estensión d’sa suyas prerrogatibas e d’os suyos dominios territorials á o nuebo país conquistato enritase tanto á ra nobleza aragonesa e la predisposase á ra confrontanza con o monarca.

Atra importán trasformazión se yera produzindo en os zentros urbanos. Muitos d’ellos eban estato asinatos dimpués d’a suya conquista á l’autoridá d’un siñor laico u eclesiastico, u á una orden melitar. Manimenos, o paulatino desarrollo d’as autibidaz mercantils y artesanals e l’aparixión d’una empentadera clase burguesa adinerata con intrés en superar as limitazions e cargas siñorials, dispuesta á prener o romal d’o gubierno ziudadano, yera modificando plateramén o paisache d’o poder urbano. O rei Chaime se refirmó en iste patriziato urbano ta fer retacular á os siñors con os que ribalizaba, otenendo tanto recursos economicos –d’os que tan nezesitato estió sempre- meyante a introduzión de tasas e peitas en istas ziudaz, como ro suyo refirme politico fren á ro estamento nobiliar. O rei introduzió normas ta controlar a eslizión d’os cargos d’os conzellos, anque con o tiempo os poders urbanos tamién buscarban liberar-sen d’a entromisión rechia en o gubierno ziudadano e autuar d’a traza más libre y autonoma posible, mesmo cuentra as pretensions d’o monarca si calese.

O debate politico que lebaba amanata ra rebelión de 1264, e que se sustanzió en as fracasatas combocatorias de cortes de Calatayú e Uesca (en chinero e febrero de 1265, respeutibamén) e a finitiba e más concluyén d’Exeya (en abril e mayo), se zentró fundamentalmén en seis temas sobre os que o rei e os nobles aragoneses discutioron con usma:

Jaime I y las huestes de Aragón entran en la ciudad de Valencia (pinturas del castillo de Alcañiz, s. XIV) / Chaime I e as güestes d'Aragón drentan en a ziudá de Balenzia (pinturas d'o castiello d'Alcañiz, s. XIV)

Chaime I e as güestes d’Aragón drentan en a ziudá de Balenzia (pinturas d’o castiello d’Alcañiz, s. XIV)

  1. O territorio aragonés: os nobles reclamaban que Balenzia eba d’estar aragonesa e as suyas tierras repartir-sen entre aragoneses; tamién acusaban á o rei d’aber lechislato sin a suya concorrenzia. O rei respostió que en a conquista no solo parteziporon aragoneses e que estió a suya dezisión fer d’iste territorio un territorio nuebo d’a suya corona, deseparato d’aragón, por o que no yera artato de contar con ellos ta lechislar. En o tocante á Ribagorza, se reclamaba a suya aragonesidá, que o rei nozeba no solo en ascribindo-la á Cataluña sino inorando l’aplicazión de muitos d’os fueros d’Aragón en iste territorio seguntes a suya comenenzia. A politica de feitos consumatos rematarba aposando a independenzia de Balenzia mientres que Ribagorza estarba oxeto encara de pleitos e disputas que quedarban finalmén estraliatos 35 añadas dimpués, cuan en 1300 Chaime II reconoxió a pertenenzia á Aragón d’iste condato en as Cortes de Zaragoza, rebutando en 1305 una propuesta d’as Cortes de Barzelona en sentito contrario.
  2. A potestá lechislatiba: os nobles acusaban á o rei de lechislar sin contar con a concorrenzia d’a suya corte (compuesta alabez fundamentalmén por a nobleza, anque tamién incorporaba á os representans d’a Ilesia e atras fuerzas prominens en a bida d’o reino). Os nobles desichioron a declarazión de nulidá d’os fueros unilateralmén aprebatos. O rei aduzió perén que no sempre podeba asperar á reunir á toda ra corte ta adotar dezisions nezesarias e que sempre consultaba con aquellos nobles que l’acompañaban. Se deduze d’ista reclamazión un refús d’a parti más “dreiturera” d’a compilazión foral de 1247, asinas como una demanda ya formulata en 1260 ta que bi ese una combocatoria añal de cortes en Zaragoza ta o día d’a Santa Cruz (3 de mayo). Á penar d’as seguridaz alportatas por o rei con respeuto á ista custión, no estió dica ra firma d’o Prebilechio Cheneral d’Aragón por Pietro III en 1283 cuan a potestá lechislatiba conchunta d’o rei con os cuatre brazos d’as Cortes d’Aragón alquirió carta de naturaleza costituzional.
  3. A Chusticia: dezisiba materia en a que os nobles demandaban á o rei que no chuzgase os pleitos entre ellos e que rematase con o suyo costumbre de chuzgar el as suyas causas e de fer-lo á trabiés d’un chustizia (chuez) aplicando, antimás, normas distintas á o fuero, isto ye: canons (dreito romano), decretos reyals e o suyo libre albedrío, por o que demandaban l’abdicazión d’os chudizios asinas zelebratos dica alabez. A respuesta d’o rei estió aclapadera: qui chuzga ye el, asinas como os chuezes ya nombratos e que cuan han plegato causas ta ra suya corte el las ha chuzgato con o consello d’os ricos ombres, con esclusión d’aquels que fuesen parti intresata, aplicando os fueros d’Aragón y, en causo de baguera foral, aplicando a equidá e a razón natural. Rebutaba l’acusazión de que yera asesorando.se con espiertos en dreito romano dizindo que si los teneba á o costato suyo yera porque los nezesitaba ta ras causas que afeutaban á os atros territorios d’a suya Corona en os que no s’aplicaban os fueros aragoneses. Manimenos, azeuta una intresán transazión: nombrar un chustizia u chuez meyo que chuzgase os pleitos entre o rei e os ricos ombres, caballers e infanzons, con asesoramiento d’os ricos ombres que se troben en a corte sempre que no sigan parti intresata, asinas como en todas as atras causas que surtan entre os miembros d’a nobleza d’o mesmo modo. Ye o fuero zinqueno d’Exeya, o que dio orichen á ra istituzión que, por a suya inedita relebanzia costituzional como esfensor e masimo entrepite d’a foralidá, ha pasato á ra Istoria como un prezedén d’os trebunals de guarenzias costituzionals propios d’os autuals sistemas democraticos. Iste fuero se completó con o dezeno, en o que o rei azeutaba –por reconoxer-lo como costumbre d’o país– nombrar á dito Chustizia d’Aragón entre caballers e infanzons (u siga, miembros d’a baxa nobleza), con consello d’os ricos ombres (alta nobleza). Enparolas d’Ángel Canellas:

Naturalmente, esta concesión supuso tener como justicia a persona más aficionada al derecho tradicional de la tierra que al nuevo derecho, el romano. En 1266 tuvo ya competencia como juez de primera instancia entre particulares y de la apelación de los jueces locales.

A zaguera frase apunta enta ra rapeda eboluzión que esperimentarba isto istituzión á partir d’o momento d’a suya creyazión y en as dos decadas siguiens enta ra estensión d’a suya churisdizión garantista á toda ra poblazión aragonesa, con eszeuzión d’a minoría que bibiba baxo a potestá asoluta d’os siñors laicos.

  1. Os greuches particulars: as pezquinas entre o rei e a nobleza eban recutito ta ra presentazión en Exeya de lumerosos greuches u quexas ta ras cuals as cortes, antiparti d’o suyo paper como parlamento lechislatibo, tamién autuaban como trebunal de chustizia. A delera d’os suyos miembros en fer serbir o prenzipio de que o rei almenistra chustizia consellato por os clamatos á ra suya corte, á ras cortes, fazió d’ístas, como asambleya en a que yeran representatos os grupos de poder d’o país, o trebunal más cualificato de toz. En Exeya s’aposó de traza definitiba e ta cutio, en a forma y en o fundo, ista potestá d’a istituzión.
  2. Os impuestos: anque estió a reclamazión de dos peitas (o bobache e o yerbache) a purna que enzendió a rebelión d’os nobles en 1264, ye uno d’os afers que quedó más insatisfautoriamén resuelto en Exeya. S’aconsiguió apachar as dos partis alcordando desimir os nobles d’istos impuestos e limitando-los á os que ya lo benisen bosando dende antis, más que más o estamento eclesiastico e as unibersidaz. Una soluzión d’a mesma mena s’albitró ta ro impuesto sobre a benda d’a sal d’as salinas. Sin dembargo, o aumento d’a presión fiscal que se produzió ta sozbenir á os fuertes gastos melitars en os que incorrió Pietro III, e os problemas que ixo causaba á os que lo pagaban u yeran embrecatos á fer-lo, suposoron a fixazión d’o prenzipio de que o rei no podeba desichir garra peita nueba u aumentar a carga fiscal d’as esistens sin alcuerdo d’as Cortes d’Aragón (e os alcuerdos en iste parlamento se preneban por unanimidá). Estió ísta, pues, una custión alazetal que dixó sin resolber l’asambleya d’Exeya dica que o Prebilechio Cheneral de 1283 imposó ista limitazión á l’angluzia fiscal d’a monarquía.
  3. O paper d’a nobleza: as demandas nobiliars fuoron o enzendallo de tot iste debate e, sin dembargo, as de menor traszendenzia costituzional, á ra luz d’os desarrollos posteriors. Efeutibamén, en as Cortes d’Exeya se fizioron dezisions de gran relebanzia politica ta ro conchunto d’a soziedá aragonesa pero, por o suyo cráuter más de clase, retenito á os intreses d’una nobleza melitar en crisi, no podemos encluyir entre ellas as midas sobre ro estátus d’os nobles pautatas dimpués de duras negoziazions mantenitas entre o rei e os ricos ombres. En ixe catalogo d’abentaxas particulars se troban as referitas á ra conserbazión d’as suyas onors (churisdizions atorgatas por o monarca á os nobles sobre tierras e chens), o alcanze d’as obligazions melitars (serbizio de güeste) d’os nobles enta o rei, l’alquisizión de tierras, os prebilechios d’a nobleza, ezt. Manimenos, cape atrebuyir á iste grupo d’afers un intrés por contraste: se trata d’a mena de rebendicazions de clase sozial que ferban traña, dimpués d’a firma d’o Prebilechio Cheneral, ta o mantenimiento d’un estato de rebelión premanén, somorda bellas begatas, declarata belatras, entre l’alta nobleza aragonesa e o rei, e que aconsiguirba rancar á o monarca aragonés en o clamato Prebilechio d’a Unión (1287). Á esferenzia d’a Unión de 1283 que recutió ta ro costituzionalmén traszendental Prebilechio Cheneral, y en o que yeran embrecatos toz os estamentos sozials d’o reino, as suzesibas unions se limitoron á mober-sen fundamentalmén en o plano d’as desichenzias e azacans d’a nobleza, por lo que no espleitoron de l’amplaria de consenso d’a primera. Asinas, en a baralla d’Epila (1348), en as Cortes zelebratas auto contino en o combento de Pedricadors de Zaragoza, o rei zerimonioso destruyó con o suyo puñal e cremó ro Prebilechio d’a Unión e, tot de bez, emologó ta ra posteridá o Prebilechio Cheneral d’Aragón, que s’incorporó dende alabez á ras suzesibas edizions d’os Fueros como parti de l’ordinamiento aragonés.

Á ra finitiba, un encantuchador e traszendental debate cualas consecuenzias s’han feitas sentir á ro largo d’os sieglos dica güei, e no solo que en as bidas d’as aragonesas e aragoneses, sino tamién en a de toz os pueblos que biben en un sistema democratico e de guarenzias.

En 2015 se conmemora o 750 cabo d’año d’as Cortes d’Exeya e d’o naximiento d’a istituzión d’o chustizia d’Aragón. Asperemos que presonas e istituzions sigan capables d’aprobeitar ista efemeride ta, premitindo-lis conoxer muito millor istos feitos d’o suyo pasato, aduyar á ra ziudadanía aragonesa á replecar debitamén o suyo presén e a concarar más asperanzaderamén o suyo esdebenidero.

Miguel Martínez Tomey. Fundación Gaspar Torrente

Publicato en http://www.diarioaragones.com/especiales/aragon-y-su-historia/75335-las-cortes-de-ejea-de-1265.html e http://www.diarioaragones.com/files.php?force&file=Noticias/fotos_noticias/As_Cortes_d__Exea_539776453.txt

 

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